¿Por qué apuesta Insomniac por Medellín?
La marca más grande de la música dance estadounidense ya no apuesta solo por Las Vegas, Orlando y Ciudad de México. Al instalar por primera vez su buque insignia, el Electric Daisy Carnival, en Medellín, Insomniac lanza un mensaje nítido: la próxima década de crecimiento de los festivales pasa por América Latina, y Colombia ya es un mercado de primera, no una mera escala de gira.
Insomniac no lo hace sola. El debut se produce con Páramo Presenta, la promotora bogotana que lleva años construyendo la infraestructura del directo en Colombia, y aterriza en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, el complejo deportivo en pleno corazón de Medellín. Sumar a un socio local marca la diferencia entre lanzar en paracaídas un formato estadounidense sobre una ciudad nueva y enchufarse de verdad a la escena que ya existe allí.
¿Está el underground realmente en la sala?
Aquí es donde el cartel merece una segunda mirada. El nivel de las cabezas de cartel es justo lo que esperas del EDC: nombres de big room como Alesso, Deadmau5 y Kaskade. Pero baja por la lista y la curaduría se pone seria. Richie Hawtin, ARTBAT, Boris Brejcha, Nico Moreno y 999999999 sostienen el flanco techno, e Insomniac trae tres de sus propias marcas de corte underground: Factory 93, Dreamstate, centrada en el trance, y Time Warp, la institución alemana que no presta su nombre a la ligera.
Un gigante estadounidense de los festivales puede aterrizar en cualquier parte. Lo que de verdad importa es si deja tras de sí una sala underground real o solo un escenario de adorno.
El house y el tech house cuentan con su propio banquillo de lujo: Armand Van Helden, LP Giobbi, HoneyLuv, Dombresky, DJ Holographic y Pachanga Boys, y, sobre todo, el cartel hace hueco a un local, el productor colombiano Felipe Gordon, cuya house tocada con instrumentos en vivo se ha vuelto una de las mejores exportaciones del país. Esa sola contratación dice más sobre las intenciones que cualquier cabeza de cartel.



