Cada domingo por la tarde de este verano, los viajeros que pasan el control de seguridad en el aeropuerto de Ibiza se encuentran con algo más parecido a una discoteca que a una tienda libre de impuestos. De 17.00 a 21.00, el DJ Giancarlo pincha dentro del espacio duty free, convirtiendo las últimas compras de perfume o ron en banda sonora antes de embarcar. No es ninguna novedad: el mismo montaje ya funcionó el verano de 2025 y simplemente se ha vuelto a encender.

Lo que sí ha cambiado es la paciencia del Consell d'Eivissa. El director de Turismo, Juan Miguel Costa, contactó directamente con la directora del aeropuerto, Marta Torres, para trasladarle lo que Periódico de Ibiza describe como el 'malestar' oficial del Consell y exigir el cese de las sesiones. El argumento es directo: la isla está en plena campaña para reposicionar su imagen más allá de la fiesta, y su puerta de entrada estatal hace justo lo contrario en su propia terminal.

¿De quién es realmente esta discoteca?

Hasta ahora, Aena se limita a señalar hacia otro lado. La operadora ha dicho al medio que las sesiones de DJ son "una acción comercial organizada por" Avolta, el grupo suizo de retail aeroportuario que gestiona la concesión del duty free (el espacio sigue llevando localmente el nombre histórico de Aldeasa, y la propia Avolta lo comercializa como Club Avolta). Ese planteamiento le permite a Aena acoger el evento en sus propias instalaciones sin asumir la decisión, un argumento que el Consell no acepta: su reclamación apunta a la terminal de Aena, a su marca, a su decisión.

No es el primer intento. El Consell ya logró en 2024 que se aprobara una petición formal para reducir la publicidad festiva en la terminal, incluidas las zonas de llegadas y recogida de equipajes, donde la señalización de discotecas se ha extendido por suelos, paredes e incluso techos. Aquella petición no tuvo recorrido, y las sesiones de los domingos volvieron sin ningún problema.

¿Por qué le importa a toda la escena una sesión de DJ en un aeropuerto?

Porque coincide con el mismo verano en que las autoridades de Ibiza están endureciendo públicamente la persecución de fiestas ilegales en villas y raves clandestinas, exactamente el tipo de ocio nocturno no regulado que dicen querer erradicar. Un espacio duty free gestionado por el Estado, que organiza sesiones semanales sin licencia de sala, sin política de acceso y sin relación alguna con la industria real del club de la isla, encaja mal con esa persecución. Para una isla que ha construido una economía global sobre el clubbing con licencia, que su propio aeropuerto monte la versión menos regulada de una fiesta es exactamente la contradicción que señala el Consell.

"No es normal que dentro de Aena cada vez haya más espacio publicitario para discotecas", declaró Costa a Periódico de Ibiza, añadiendo que la terminal se está 'personalizando' para la promoción de clubes en detrimento de otras ofertas turísticas de la isla.

Queda por ver si Aena acabará cediendo de verdad. Nada obliga a la operadora a cumplir, y la petición de 2024 ya demostró que una solicitud formal del Consell no garantiza ningún cambio en la terminal.