¿Qué encontró realmente el comité?

La Business and Trade Committee de la House of Commons dedicó más de un año a examinar quién controla de verdad la música en vivo en Gran Bretaña, y la respuesta a la que llegó es Live Nation. La empresa vendió directamente el 58 percent de los 23.1 million de entradas a la venta en el Reino Unido en 2025. Si se suman las firmas afiliadas, la cifra trepa al 66 percent. A través de Ticketmaster domina además el mercado de reventa contra el que se supone que compite.

La frase que hace daño es «clima de miedo». El comité dijo que un número llamativo de personas que aportaron pruebas pidieron permanecer en el anonimato, por temor a represalias, sobre todo de Live Nation. El presidente del comité, Liam Byrne, lo dijo sin rodeos.

El clima de miedo que encontramos durante esta investigación plantea preguntas profundas sobre la salud de la competencia en el mercado.

¿Cómo funciona el cerco en la práctica?

Los mecanismos importan más que los porcentajes. El informe describe acuerdos de exclusividad a largo plazo que hacen que el acceso a ciertas salas dependa de que el artista también toque en los festivales de Live Nation, y al revés. ¿Quieres programar tu concierto aquí? Más te vale traer también tu hueco de festival. Los promotores independientes quedan cerrados fuera de las salas, y a estas se las empuja hacia la opción interna antes que hacia cualquier otra. El comité quiere que la Competition and Markets Authority abra una investigación de mercado completa antes de finales de 2026. Live Nation lleva tiempo restando importancia a todo esto: un ejecutivo resumió en el pasado que la empresa es «muy buena en lo que hace».

¿Por qué debería importarle al underground una pelea a escala de estadios?

Porque la misma fontanería baja hasta lo más hondo. Los festivales que lanzan a nuevos DJ de house y techno son cada vez más propiedad de un puñado de gigantes, y las absorciones del capital privado que compra marcas de música electrónica responden a la misma lógica de concentración. Cuando una sola empresa puede decidir en qué salas tocas y qué plataforma vende tus entradas, el promotor de base que se la juega con un nombre desconocido es lo primero que queda fuera de mercado. Que un regulador británico por fin ponga nombre al problema no lo arregla, pero es la señal más clara hasta ahora de que la cuestión del monopolio de la música en vivo está viva.