¿Qué reclama en realidad la demanda?

La mayoría de los productores de house y techno viven por debajo de la línea de la que trata este caso. El 3 de junio de 2026, Mark M. Kratter, músico de Connecticut que además ejerce como abogado, demandó a Spotify ante el tribunal estatal de Stamford. Su argumento es directo: Spotify se presenta como una plataforma justa y amiga de los creadores mientras funciona con reglas que él considera desleales y engañosas según la ley de consumo de Connecticut.

Dos cosas están en su punto de mira. La primera es el umbral de desmonetización que entró en vigor el 1 de abril de 2024, según el cual un tema tiene que alcanzar al menos 1.000 streams en los doce meses anteriores antes de ganar un solo céntimo del fondo de la música grabada. La segunda es el filtrado: Kratter afirma que desde principios de 2026 sus reproducciones contabilizadas cayeron en picado aunque la gente seguía escuchando, algo que atribuye a que Spotify dejó de contar ciertas sesiones de autoplay, algorítmicas y de baja interacción. Billboard señaló que no hay indicios públicos de que Spotify cambiara una regla en marzo, así que conviene tratar esa coincidencia temporal como una deducción suya, no como un hecho confirmado.

¿Por qué el umbral castiga a la escena underground?

Porque es justo ahí donde se sitúa la mayoría de los temas underground. Un corte de deep house en un sello pequeño, un dub plate prensado para un puñado de DJ, un primer EP de un productor adolescente en Lagos o en Lyon: muchos de ellos nunca superan los 1.000 streams en un año. Bajo esta regla, cada una de esas reproducciones no le reporta nada al artista, y el dinero asciende hacia los temas que ya superan la barrera. Spotify siempre lo ha presentado como una limpieza del fraude y de los céntimos, en torno a medio por ciento del fondo, y afirma que redirige cerca de mil millones de dólares en cinco años hacia los artistas consolidados. Desde el fondo del catálogo parece menos una limpieza y más un impuesto por ser pequeño.

Spotify dice que no publica el número de oyentes únicos para impedir que los defraudadores manipulen el sistema. La demanda fija esa cifra en 50.

¿Qué pasa ahora?

Una sola demanda de pequeña escala en un único estado de Estados Unidos no reescribirá la economía global del streaming. Pero llega mientras las grandes discográficas, los reguladores y las asociaciones de artistas rondan todos la cuestión de la remuneración del streaming, y pone por primera vez la regla de los 1.000 streams ante un juez, ya no como un asunto del sector sino como una cuestión de protección del consumidor. Spotify declinó hacer comentarios y remitió de nuevo a su entrada de blog de 2023.