Teenage Engineering tiene la costumbre de sacar objetos que parecen juguetes y resultan ser útiles. El EP-136 K.O. Sidekick es el último, y a 189 EUR es la forma más barata que ha encontrado la marca hasta ahora de meter un mezclador de verdad en tu bolsa. El redactor de Gearnews Marcus Schmahl le puso un 4,5 sobre 5 en un artículo publicado el 2 de junio de 2026.
El matiz importa, porque esto no es un mezclador de DJ en el sentido turntablista. No hay crossfader. Lo que tienes son dos canales, cada uno con su fader y su cue, lo que lo acerca más a un mezclador-interfaz portátil que a una mesa de batalla.
¿Qué es, exactamente?
Cuatro cosas en una sola caja. Es un mezclador de dos canales. Es una interfaz de audio USB de 8 entradas y 4 salidas. Es una unidad de efectos. Y es un controlador MIDI. La caja tiene más o menos el tamaño de un libro de bolsillo y funciona con dos pilas AAA o por USB-C.
Cada uno de los dos canales lleva ganancia, un EQ de tres bandas con tres modos conmutables (DJ, estudio y paramétrico), un compresor de tres modos, un fader de volumen y un botón de cue para preescuchar un canal con auriculares. Hay también una tercera entrada auxiliar, sin su propia tira de canal.
¿Cómo funcionan los efectos?
Aquí es donde el K.O. Sidekick deja de ser un mezclador a secas. Cada canal puede pasar a uno de los seis efectos: filtro, delay, tape, loop, trémolo y sirena. Los moldeas en tiempo real con un pad sensible a la presión y un mod stick bidireccional en el lado derecho y, lo decisivo, puedes grabar esos movimientos como bucles de automatización y dejarlos correr.
Un automatizador de efectos de dos compases que tocas con el pulgar es una idea más interesante que un crossfader a este precio.
Eso es lo que le gana su sitio junto a un EP-133 o un K.O. II de Teenage Engineering, aunque la propia marca admite con honestidad que el plan empezó como un mezclador para el K.O. II y derivó en una caja de efectos con secuenciador.
¿Dónde flojea?
La reseña es clara con las concesiones. Los mandos del EQ tienen poco agarre y los faders se notan frágiles, esa clase de detalle que importa si piensas pinchar cada semana en lugar de usarlo sobre una mesa. Los modos de EQ se alaban como realmente útiles, los compresores y los efectos se califican de jugables, y la pantalla se valora muy por encima de su precio. Así que el 4,5 es real, pero la durabilidad de los faders es la línea que conviene releer dos veces antes de meterlo en un equipo de directo.



