¿Qué le pasó a Tickets.ie?

Tickets.ie, fundada en 2004 y la mayor ticketera independiente de Irlanda, cesó su actividad a principios de junio. Su web quedó sustituida por un aviso de cierre. Desde la etapa del COVID estaba participada mayoritariamente por DEAG, el grupo alemán de entretenimiento en directo, a través de su filial británica Myticket. Lo que escuece es el momento elegido: la empresa se apagó justo después de un fin de semana festivo en el que ya se habían celebrado varios festivales, y justo antes de que la recaudación de taquilla de esos eventos aterrizara en las cuentas de los promotores.

¿Quién se queda colgado?

Tres festivales afirman que se les adeudan entre los tres unos 600.000 euros: el Rory Gallagher Festival pierde 283.000 euros, Rockathon 180.000 euros y Cowboys And Heroes 135.000 euros. Acudieron a la High Court para que nombrara a su propio liquidador, Azets, y le dijeron que el modo en que se cronometró la quiebra les resultaba «profundamente sospechoso».

Pearse Doherty, del Sinn Fein, calificó la pérdida de 283.000 euros de «terreno de la ruina total» y añadió: «eso no puede pasar».

La respuesta política fue inmediata. Ken O'Flynn, de Independent Ireland, señaló que las ticketeras operan «sin blindaje, sin aval y sin fondos garantizados», a diferencia de las agencias de viajes autorizadas, obligadas por ley a proteger los anticipos de sus clientes. El ministro de Empresa, Peter Burke, reconoció que puede existir un «vacío en el marco regulatorio» mientras prevenía contra las «falsas promesas».

¿Por qué debería importarle a un promotor de house en Berlin o Lagos?

Porque esto es riesgo de contraparte, y no respeta ni géneros ni fronteras. Cuando vendes a través de una ticketera ajena, el dinero de tu público queda en la cuenta de esa empresa hasta que te lo transfiere. Si la ticketera quiebra antes de la liquidación, el público pagó, el concierto se celebró y tú nunca ves el dinero. DEAG no es un operador improvisado: es un grupo europeo de directo que cotiza en bolsa, con intereses en el pop y en la electrónica. El agujero regulatorio por el que se colaron los festivales irlandeses, la ausencia de normas sobre el dinero de clientes en la venta de entradas, existe en casi todos los mercados. La lección es saber exactamente dónde está tu taquilla entre la venta y el pago, y leer las condiciones de liquidación como si de ellas dependiera tu alquiler.