¿Por qué un sintetizador soviético de 1980 sigue rondando al underground?

La mayoría de los instrumentos de comienzos de los años ochenta llevan la década escrita en la cara. El Polivoks no. Vladimir Kuzmin, fallecido el 12 de junio de 2026, diseñó su circuito en 1980 en la planta Urals Vector, y la fábrica de radios Formanta, en Kachkanar, lo fabricó de 1982 a 1990. Dos osciladores, un filtro conmutable de paso bajo y paso banda, envolventes que se podían poner en bucle, una voz duofónica: modesto en una ficha técnica, temible en una sala.

Es el filtro lo que lo cambia todo. Donde un Minimoog calienta y redondea, el Polivoks afila. Fuérzalo y gruñe, distorsiona, parece resistirse a quien lo toca, y esa resistencia es justo su atractivo. En el techno, el industrial y los márgenes más duros del underground, el Polivoks no es una pieza de museo. Es el instrumento al que recurres cuando quieres un sonido con dientes.

¿Quién construyó la máquina y quién le dio su rostro?

Kuzmin fue el diseñador del circuito, el ingeniero que supo arrancar una voz analógica agresiva a componentes soviéticos bajo limitaciones soviéticas. Su aspecto inconfundible pertenece a su esposa, Olimpiada Kuzmina, que dirigió el diseño industrial. La carcasa naranja y gris, el cuerpo macizo, los interruptores de palanca pensados para una sala de control: se inspiró en las radios militares soviéticas, y por eso ningún otro sintetizador se le parece sobre un escenario.

Construyó un filtro que replica, y esa réplica explica la mitad de por qué el instrumento nunca se apagó.

¿Cómo sobrevive hoy el Polivoks?

Kuzmin nunca dejó que su instrumento se instalara en la nostalgia. Solo su filtro ha sido reinventado por todo el mundo boutique: Industrial Music Electronics lo llevó al Eurorack, y Analog Craftsman, SOMA, AJH Synths y Erica Synths ofrecen cada uno su propia lectura. En sus últimos años trabajó directamente con Elta Music en creaciones modernas inspiradas en el Polivoks, entre ellas un prototipo analógico polifónico presentado en el Superbooth 2026. Behringer, que posee la marca Polivoks desde 2019, anunció con él una reedición en 2021 que aún no ha llegado.

El sonido, en cambio, llegó hace mucho, y permanece dondequiera que el underground elige la aspereza a propósito.