¿Qué encontraron realmente las aguas residuales?

Una vez por semana, en 115 ciudades de 25 países, los investigadores toman una muestra del alcantarillado y miden lo que una población de unos 72 millones de personas tiró por el desagüe. La EUDA lo hizo durante una semana entre marzo y mayo de 2025, buscando anfetamina, cocaína, metanfetamina, MDMA, ketamina y cannabis. Es lo más cercano que tiene la escena a un recuento honesto y anónimo de lo que la gente consume: sin encuesta, sin autodeclaración, sin juicio.

El titular es un cambio de cromos. La MDMA, la droga que la mayoría sigue imaginando cuando piensa en una pista, bajó alrededor de un 16 % entre 2024 y 2025. De las 78 ciudades con datos de ambos años, el 62 % mostró un descenso. Mientras tanto, la ketamina subió cerca de un 41 % y la cocaína en torno a un 22 %. Bélgica, España y los Países Bajos siguen marcando las cargas más altas en estimulantes; la ketamina toca techo en Bélgica, Alemania y los Países Bajos.

¿Por qué se apaga el éxtasis y sube la ketamina?

Nadie tira un comunicado de prensa por el váter, así que los números llegan sin un porqué. Pero la forma del cambio encaja con cómo sale mucha gente ahora. La MDMA es una noche larga, sudada, a tope, con una bajada dura; el bajón es real y el desplome de mitad de semana, de sobra conocido. La ketamina y la cocaína ofrecen algo más corto y más controlable, un efecto que enciendes y apagas, lo que cuadra con noches más breves, fiestas de día y un público que quiere estar operativo a la mañana siguiente.

La EUDA señala que el estudio revela un marcado descenso de los rastros de MDMA, junto a indicios persistentes de que las detecciones de cocaína y ketamina van al alza.

También cuadra, a grandes rasgos, con la música. Los años en que la MDMA mandaba en la pista fueron los de los sets largos, eufóricos, de tensión y descarga. Una sala que se inclina hacia la ketamina se mueve distinto: más lenta, más disociativa, más cómoda en la bruma, lo que no es ajeno a que tanta música de club actual viva en un registro neblinoso e hipnótico en vez de perseguir el drop de pista grande.

¿Qué cambia esto para el tema de la bajada?

Aquí es donde se vuelve práctico, sin sermones. Una pista que se desplaza hacia la ketamina y la cocaína tiene riesgos distintos a una pista de MDMA, y la reducción de daños tiene que moverse con ella. La ketamina arrastra sus conocidos problemas de vejiga y dependencia con un uso intenso y habitual; la cocaína arrastra los suyos. Los equipos de análisis de sustancias y bienestar que trabajan en festivales y clubes llevan tiempo diciendo que la mezcla en la pista está cambiando, y un conjunto de datos de aguas residuales de este tamaño es la confirmación contundente, según la EUDA.

Nada de esto dictamina si uno debería o no consumir algo. Es un retrato de lo que ocurre, para que quienes llevan las salas, atienden el bienestar en la puerta y se preocupan por sus amigos puedan leer la pista con honestidad, en lugar de librar la batalla de la década pasada.